El mercado político -la política- y la economía: simetrías y racionalidad del individuo

Y como explicamos la escasez y el empobrecimiento del venezolano en estos años de revolución.

El mercado político según la economía de la Escuela Public Choice -Selección Pública- opera en simétrica racionalidad a la del mercado de bienes y servicios, esa teoría cientos de veces constatado, sujeta a la existencia de data, permite presentar una equivalencia entre el análisis económico del mercado de bienes y el mercado político, mercado de intereses e incentivos tanto del individuo como organizaciones políticas (partidos entre otros) como el de individuos y empresas en el mercado de bienes.

De esta manera, la estructura de incentivos y otras categorías económicas. mercado, precios, costos y beneficios y costo de oportunidad tendrían en el “mercado político” un rol análogo, y entre los cuales se distinguen la conformación de puntos de equilibrio generados en el comportamiento “subjetivista” del ser humano frente a la escasez y al incentivo praxeológico que los define a ambos.



Acotamos que despejando la acción racional del interés e incentivos en el mercado político puede y en efecto ocurre, ser causante inicial de lo que los economistas definimos escasez. La analogía resalta en términos de racionalidad de intereses e incentivos del individuo, pero es muy posible que los intereses de este último maximicen su utilidad (éxito) y lo que para ese mercado sea racional y normal para el otro sea escasez y penurias (fracaso). Mucho de eso vemos en las sociedades o Estados fallidos, nuestro caso.

La gente tiene éxito en los mercados al reducir la escasez; lo cual quiere decir que al facilitar y promover a que la escasez se reduzca se generan economías, con las cuales todos podrían sentir que sus necesidades, en orden creciente, cada vez menores puedan ser satisfechas con sus esfuerzos personales y con ello multiplicar el éxito más allá de las fronteras individuales y/o familiares, cuidando que el costo de oportunidad de la libertad, la vida y la propiedad no arruinen su vida material, espiritual y emocional.  De esta manera, los beneficios que se obtengan en un mercado morfológicamente constituido más competitivo, provendrán del hecho en la cual la escasez en esos mercados se ha reducido reflejando un entorno donde el acceso continuo al mercado representa un menor costo de oportunidad.

El volumen de satisfacciones recibidas transforma el entorno “local” en uno más global. Esa es la lógica cómo funciona el mercado de bienes y servicios -económico donde escasez y competitividad son fenómenos diametralmente excluyentes, el mecanismo de competitividad se constituye en la palanca de Arquímedes que hace del mundo un medio más creativo y bajo el cual el costo marginal de producir más o reducir la escasez, se reduce. El homo economicus actúa en función de su racionalidad de maximizar beneficios y minimizar costos.

En el mercado político, las cosas pueden ir diferentes, la racionalidad, sin embargo, existe consignada por los intereses que logran filtrarse a través de las regulaciones de ese mercado. En ese mercado la intervención del Estado emerge del mecanismo de optimización de su propia racionalidad, donde el punto de equilibrio es más precario porque los individuos pueden maximizar sus beneficios disminuyendo los de sus pares; es decir, rent seekers que satisfacen su demanda pervirtiendo el funcionamiento del mercado, en un esquema de captura de renta no arbitrado. Los grupos de interés en este mercado político están en posición de manipular su propio comportamiento de una manera más “eficiente” que en el mercado de bienes y servicios.

En el mercado político, las cosas pueden ir diferentes, la racionalidad, sin embargo, existe consignada por los intereses que logran filtrarse a través de las regulaciones de ese mercado

Así, estaríamos en un mercado donde el grado de su eficiencia es pervertida por el simple hecho que las decisiones que tendrían que ver con  ese mercado pueden emerger – y así sucede de manera recurrente- del control de tomas de decisiones, dentro del  mismo Estado, en instituciones capturadas por gupos de interés político, dado que aislar el mercado político de los quehaceres de la política, requiere anular la intervención del Estado en ese mercado, fenómeno que puede crecer en complejidad dado que el velo de ignorancia que separa el Estado de la política puede ser (es) precario.

En este sentido el mercado -en esas condiciones– puede resultar ineficiente y por ello menos competitivo, en virtud del oportunismo que induce e incentiva la corporativización de las organizaciones políticas, el agente, creando un entorno donde la caída de mayor competitividad genera más escasez, causando mecanismos de control y dominio de las libertades del individuo obligado por la posición rent- seeker de esos grupos y franquicias políticas a andar hacia la sociedad del servilismo ante el Estado. Por ejemplo, la evolución de Venezuela en los anos iniciales de la implementación de las nuevas reglas en lo económico y en lo político es un caso que describe la causalidad indicada arriba.

En este sentido el mercado -en esas condiciones– puede resultar ineficiente y por ello menos competitivo, en virtud del oportunismo que induce e incentiva la corporativización de las organizaciones políticas, el agente

El velo de la ignorancia (Rawls) no permitiría descubrir la relación agente-principal que genera el rent-seeking; perdida de las libertades, control del individuo y servilismo son fenómenos que acompaña el proceso de empobrecimiento. En estas condiciones, el éxito – de los agentes que controlan el mercado político, se caracteriza por el empeoramiento de las condiciones de vida de los individuos, representada por una mayor escasez. En otras palabras, la relación entre la política y la escasez, como vemos, es inversamente proporcional al éxito del individuo.

Ello, a todo evento, implica que a mayor escasez mayor el éxito en términos de beneficios políticos, el reparto de la política será asimétrico, y será expresión de un medio donde el proceso de toma de decisiones cada vez se estrecha más y lo convierte en discrecional de la política que controla el mercado y en consecuencia su competitividad.  En ese sentido, poder y prestigio en el mercado político, o en la política, si así lo prefiere, puede leerse como el clímax de los mecanismos y esquemas redistributivos incorporados en el proceso de toma de decisiones, de gobierno. .

Entendamos entonces que en la política, o mejor dicho, en el mercado político, el éxito se dispone acá a través de las vías -ofrecida por un mercado que se promueve menos competitivo, llevando a cabo promesas en los mecanismos de representación popular según las cuales es posible que los grupos de rent seekers posicionados en el tope de esas instituciones del poder político, puedan generar escasez artificial en el cual bienes y servicios escasearían en la medida que la política señorea el mercado, lo sobre regula.

Esto ocurre hasta que termina diluyendo las reglas que harían al mercado político más competitivo (Buchanan) dado que estaría dirigido a la aplicación más diligente del principio de subsidiariedad, ya que este fomenta mercados políticos más competitivos y particularmente de naturaleza local. EL resultado teórico esperado es una democratización del “mercado político” de la mano de reglas que lo hacen más competitivos, creando nexos más eficientes entre el proceso de votar y elegir en función de menores costos de transacción que los cuerpos deliberantes -y ejecutivos locales- generarían al sostener un mercado menos regulado y más competitivo.

La racionalidad del mercado político enfrenta a esos grupos que por via de procesos legislativos y ejecutivo crean incentivos para reducir no solo la competitividad en los mercados de bienes y servicios, sino en su propio mercado, beneficiario por cierto de la sobrerregulación de ambos mercados. Ese grado de perversidad debe combatirse en el ruedo donde opera -en teoría- el mercado político, lo que llamamos calle, foros, participación popular etc., buscando descentralizar el proceso de toma de decisiones a instancias deliberantes y ejecutivos, mas locales -el principio de subsidiariedad.

La racionalidad del mercado político enfrenta a esos grupos que por via de procesos legislativos y ejecutivos crean incentivos para reducir no solo la competitividad en los mercados de bienes, sino en su propio mercado, beneficiario por cierto de la sobrerregulación de ambos mercados

Esto daría entrada y desarrollo de los grupos rentistas que soportan el mercado, políticos menos competitivos, dado que este setting permite manipulación de precios, y captura de renta sin compensación social, los cuales bajo el poder del regulador se reducen los bienes y servicios, generando así mayor volumen de beneficios reflejando el éxito de los grupos que transan sus beneficios reduciendo la oferta de esos bienes y servicios. Como se observa la relación entre mayor poder político y menos incentivos competitivos, frustra la demanda por bien y servidos pero beneficia los grupos de interés que general reglas dirigidas a reducir la naturaleza del individuo emprendedor.

Así las cosas, observamos que la relación es asimétrica. El objetivo entonces en los mercados políticos es incrementar los mecanismos de competitividad porque el impacto en la escasez entre ambos dependería de su posición más competitiva. La destrucción instituciones económicas y de gobierno en estos años en Venezuela es comprensible a lo largo de estos aspectos explicado arriba que nos ayudan a comprender que el compuesto institucional, va cayendo y desmoronándose desde arriba hacia abajo, el individuo es desempoderado de su libertad y su vida tendera de la limosna que la política le crea desde el Estado’ por ejemplo el CLAP.

 Alexander Guerrero E Economista, PhD (London University)

@alexguerreroe

 

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